domingo, 23 de diciembre de 2012

Más allá de la amistad

Pablo y Adriana se conocían desde bien pequeños, sus madres se conocían del instituto y decidieron que si tenían hijos que crecerían juntos, y así fue. Se iban juntos de vacaciones ¡Cuántos veranos llegaron a pasar juntos en la playa de la casa de los abuelos de Pablo!, eran vecinos, en casi todos sus recuerdos aparecían juntos... Ambos tenían 16 años, sólo se llevaban un par de meses de diferencia, por tanto estaban en el instituto. Siempre habían estado en boca de todos por estar siempre juntos, pero ellos eran amigos y no hacían caso a aquellos rumores que tanto escuchaban, ambos estaban solteros y no habían tenido ninguna relación en serio aún. En la misma clase de los dos amigos había una chica que se llamaba Raquel, a quién desde hacía años le gustaba Pablo, él era consciente de ello pero había algo (o alguien) en su corazón que le impedía querer a otra persona pero se negaba a aceptarlo. 

La tarde del jueves después de clase y de hacer los deberes acordaron mirar una película de miedo, que tanto gustaban a Pablo, así que se sentaron en el sofá y pusieron la película. A Adriana no le hacía mucha gracia, porque no le gustaban nada las películas de miedo, pero hizo un esfuerzo por él. Al principio parecía que no daba mucho miedo pero al final de la película ocurrieron una serie de sucesos que hacían pasar mucho miedo a la chica. Pablo, al percatarse, la rodeó con su brazo haciendo así que la cabeza de la chica quedase apoyada en su hombro y que así se sintiese protegida, ella extrañada por ese gesto lo miró fijamente a los ojos y ocurrió algo que no pensaban que podría pasar, sobretodo a ellos que defendían tanto su amistad. Se besaron. Habían visto muchas películas de miedo antes pero Pablo nunca había actuado así, siempre solía bromear sobre su miedo. Durante los últimos minutos de la película siguieron besándose y algo les decía que no era bueno para su amistad aquello que estaban haciendo pero había algo que les impedía separarse, hasta que entró por la puerta la madre de ella y se separaron de golpe. Puede decirse que la entrada de la madre fue su salvación o quizá la mejor excusa para que se separasen, algo que realmente no deseaban hacer.

Al día siguiente, cuando iban caminando hacia el instituto, reinaba un silencio realmente violento. ¿No se atrevían a decirse que habían sentido que no se querían separar jamás? ¿Qué hubiese pasado si la madre de Adriana no hubiese entrado? ¿Realmente querían ser solo amigos?... Aquel beso no fue el que hizo que les suscitaran estas dudas sino que fue el desencadenante. Pablo, que imaginaba a que se debía aquel silencio sepulcral, le preguntó que qué le pareció la película y qué si pasó mucho miedo. Adriana, que se puso realmente nerviosa porque ella llevaba muchos años enamorada de él y no quería perder la amistad que tan fuertemente les unía, no supo que contestar y por su suerte le sonó el móvil y pudo evitar responder.
El sábado habían quedado para ir a la discoteca con unos amigos y Pablo ayudó a la chica a escoger vestido. Ella le preguntaba cuál le quedaba mejor pero él no encontraba otras palabras más que "preciosa" cada vez que se probaba un vestido diferente. Estaba tan guapa, debía mostrarle sus sentimientos cuanto antes sino quería que se le adelantase nadie. Finalmente la chica optó por un precioso vestido negro sin mangas. Los llevaron a la discoteca, realmente parecían una pareja, cada uno saludó a sus demás amigos. En el corrillo de las chicas intentaban convencer a Adriana que debía acercarse más a Pablo y en el grupo dónde estaban todos los chicos reunidos persuadían, también, al chico para que empezase a mostrarle a Adriana sus sentimientos. Así que ambos lo intentaron, estuvieron bailando e intentándose hacer saber el uno al otro que se querían, pero no conseguían nada. 
Adriana, triste por ver que su ilusión se desvanecía, se fue a la terraza a que le diese un poco el aire y a darle vueltas a como podría hacer para volver a ver a Pablo como un amigo. En el interior de la discoteca Pablo buscaba a la chica sin resultado alguno hasta que se le ocurrió subir a la terraza y la vio allí apoyada en un banco cabizbaja. Fue hacia ella y le dio un abrazo diciéndole que era hora de hablar y aclarar ciertas cosas. Ella al escuchar esas palabras pensó que quizá el se refería a que el beso no significó nada para él pero no se imaginaba lo que Pablo estaba a punto de decirle. El chico se puso a su lado y le dijo lo siguiente:   "¿No crees que llevamos demasiado tiempo mintiéndonos el uno al otro? Verás yo hace muchos años que dejé de verte como a una amiga, no te imaginas cuánto me ha costado disimular estos sentimientos todos estos años para que no te dieses cuenta, porque no te quiero perder nunca. Pero este último año he empezado a ver que quizás no sólo soy yo el que lleva disimulando tanto tiempo, que alomejor tu también llevas intentando camuflar lo que sientes varios años. Pero esos pensamientos no eran más que ilusiones que esperaba que pudiesen ser reales, sin embargo cuando el jueves nos besamos supe que andaba en lo cierto. Me di cuenta de que eres y has sido la persona más importante de mi vida, que eres mi mitad, que aunque no seamos iguales estamos hechos el uno para el otro, que cada vez que me miras se me para el mundo y cuando me sonríes con esa inocente cara tuya no puedo evitar estremecerme". No se habían atrevido a mirarse a los ojos aún, ni siquiera a decir palabra alguna hasta que Adriana se giró y lo besó. No necesitó más palabras que un "Te quiero", quizás el más sincero de los que había escuchado, para hacerle saber a Pablo que ella sentía lo mismo que él contestándole esto: "Una eternidad contigo me sabría a poco".

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