Julia era una chica sencilla, simpática y muchísimos adjetivos más pero dentro de todo lo bueno que tenía había algo que ella quería cambiar: su timidez. No era la típica chica guapa que todas soñamos ser, ella tenía el pelo castaño pero ligeramente rubio según la estación del año, sus ojos eran de color verde y era bastante baja pero le sacaba mucho partido a eso. Le habían roto el corazón muchísimas veces, llegó a un punto en el que dejó de creer que pudiese existir tal sentimiento llamado amor. Hacía numerosos estragos a pesar de su timidez pero no le hacían caso, ella entonces se sentía terriblemente mal porque veía tantas parejas felices compartiendo su amor y ella con tanto que dar. Era una persona con principios, con las ideas muy claras y quizá eso era lo que asustaba a los chicos.
Pero llegó un día que su corazón se paralizó al ver a esa persona, llevaba tanto tiempo sin sentir esa sensación; si esa sensación cuando crees que se te para el mundo cuando te mira, esa sensación de que te falta el aire cuando te sonríe...Era nueva en ese lugar, no conocía a nadie, pronto hizo amigas y eso le alivió de sobremanera, tan sólo el hecho de estar en un grupo y tener amigas le hacía estar feliz. También hizo amigos, con los que hablaba y reía como hace cualquier joven. Pero con él no podía ser así, ¡Maldita timidez!, lo miraba esperando a que él le respondiese con otra mirada pero no lo conseguía y le frustraba porque cada vez sentía más cosas hacia él. Unos días más tarde, para no perder la costumbre ella seguía mirándolo hasta que en una vez de todas estas él la miró y le regaló una preciosa sonrisa, ella se contentó pero sabía que una sola sonrisa no significaba nada.
Según pasaban los días se iban mirando más y sonriendo, era como si en esos momentos sólo existiesen ellos dos entre la multitud. Sin embargo, aun no habían conseguido hablar, se comentaba que él también era muy tímido así que sería aun más duro conseguirlo ya que debería luchar más. Hasta que un día él se dirigió a ella para pedirle ayuda sobre unas tareas y así empezó todo, según pasaron los días siguieron hablando y hablando y no dejaban de mirarse y sonreírse el uno al otro, era como si toda la timidez de ambos desapareciese. Para ella era imposible dejar de mirarlo y no podía dejar de pensar en él, en cambio, de él no sabía nada acerca de sus sentimientos, ¿Y si estaba jugando con ella? ¿Y si se quería reír un rato de una chica enamorada?...Todos esos pensamientos le suscitaron muchas dudas sobre si debería olvidarse de él y volver a empezar, ya estaba acostumbrada a ese proceso no sería tan difícil.
Seguían mirándose y sonriéndose como llevaban haciendo todos los otros días pero estaba a punto de pasar algo mágico para los dos. Matt, así se llamaba el chico, estaba apoyado en la pared a que llegase alguno de sus amigos. Julia acababa de llegar y no habían llegado sus amigas aún, entonces vio que Matt ya había llegado y se dirigió hacia él para saludarlo y hablar de mientras, iba caminando hacia la pared donde estaba él, ya estaba a poco más de un metro pero una piedra se topó en su camino, y empezó a notar que descendía hacia el suelo, se preguntaba por qué era tan torpe, siempre se caía en el momento menos indicado. Antes de que ella pudiese llegar al suelo él la agarró, produciendo así que sus cuerpos estuviesen lo más cercano que habían estado hasta entonces, ella no pudo evitar mirarlo y tampoco pudo evitar que sus mejillas estuviesen ruborizadas por haberse caído delante de él.
Lo vio reírse y se pensó que sería por su accidente, ella también se hubiese reído si hubiese sido otra persona, entonces él le dijo: "Eres tan preciosa" eso la hizo sonreír y mientras sonreía él se acercó y la besó, lenta y dulcemente, eran tan felices que podrían haber estado eternamente así. Al separarse, ella sin poder aun creérselo le preguntó: "Entonces, ¿Tu también me quieres?" a lo que él le respondió: "¿Quieres otra prueba más para que te lo demuestre?". Quizá tenían razón cuando le decían que no debía buscar a la persona especial que cuando menos lo esperase aparecería, y así fue.
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Esta no es una historia de amor eterno que venden películas y libros, el que todos los jóvenes de hoy en día se prometen, es imposible con 16, 17 o 18 años saber que vas a estar con esa persona siempre; porque incluso las historias más bonitas de amor finalizan. Esta historia significa que debes intentar estar con la persona de la que estás enamorado, que no debes rendirte por muchos obstáculos que se interfieran en tu camino, porque cuando lo consigues te sientes la persona más feliz del mundo y todo y sabiendo que no durará siempre, debes aprovechar cada día que estás con esa persona a la que amas porque quizá la relación se acabe al día siguiente. Y si acaba, más tarde o más temprano conocerás a alguien nuevo que te hará sentir igual, entonces será cuando no deberás odiarlo porque te ha dejado sino dejar que siga vivo en tu recuerdo como lo más bonito que has vivido nunca.
Esa es la clave del amor, recopilar recuerdos dulces de personas a las que has amado y que por circunstancias de cada uno ya no hay nada. Llegará un momento en el que serás más mayor, habrás tenido más experiencias y conocerás a la persona perfecta para ti, con la que quizá un SIEMPRE sepa a poco. Eso es el amor.