miércoles, 14 de noviembre de 2012

Never give up.

Julia era una chica sencilla, simpática y muchísimos adjetivos más pero dentro de todo lo bueno que tenía había algo que ella quería cambiar: su timidez. No era la típica chica guapa que todas soñamos ser, ella tenía el pelo castaño pero ligeramente rubio según la estación del año, sus ojos eran de color verde y era bastante baja pero le sacaba mucho partido a eso. Le habían roto el corazón muchísimas veces, llegó a un punto en el que dejó de creer que pudiese existir tal sentimiento llamado amor. Hacía numerosos estragos a pesar de su timidez pero no le hacían caso, ella entonces se sentía terriblemente mal porque veía tantas parejas felices compartiendo su amor y ella con tanto que dar. Era una persona con principios, con las ideas muy claras y quizá eso era lo que asustaba a los chicos. 
Pero llegó un día que su corazón se paralizó al ver a esa persona, llevaba tanto tiempo sin sentir esa sensación; si esa sensación cuando crees que se te para el mundo cuando te mira, esa sensación de que te falta el aire cuando te sonríe...Era nueva en ese lugar, no conocía a nadie, pronto hizo amigas y eso le alivió de sobremanera, tan sólo el hecho de estar en un grupo y tener amigas le hacía estar feliz. También hizo amigos, con los que hablaba y reía como hace cualquier joven. Pero con él no podía ser así, ¡Maldita timidez!, lo miraba esperando a que él le respondiese con otra mirada pero no lo conseguía y le frustraba porque cada vez sentía más cosas hacia él. Unos días más tarde, para no perder la costumbre ella seguía mirándolo hasta que en una vez de todas estas él la miró y le regaló una preciosa sonrisa, ella se contentó pero sabía que una sola sonrisa no significaba nada. 
Según pasaban los días se iban mirando más y sonriendo, era como si en esos momentos sólo existiesen ellos dos entre la multitud. Sin embargo, aun no habían conseguido hablar, se comentaba que él también era muy tímido así que sería aun más duro conseguirlo ya que debería luchar más. Hasta que un día él se dirigió a ella para pedirle ayuda sobre unas tareas y así empezó todo, según pasaron los días siguieron hablando y hablando y no dejaban de mirarse y sonreírse el uno al otro, era como si toda la timidez de ambos desapareciese. Para ella era imposible dejar de mirarlo y no podía dejar de pensar en él, en cambio, de él no sabía nada acerca de sus sentimientos, ¿Y si estaba jugando con ella? ¿Y si se quería reír un rato de una chica enamorada?...Todos esos pensamientos le suscitaron muchas dudas sobre si debería olvidarse de él y volver a empezar, ya estaba acostumbrada a ese proceso no sería tan difícil. 
Seguían mirándose y sonriéndose como llevaban haciendo todos los otros días pero estaba a punto de pasar algo mágico para los dos. Matt, así se llamaba el chico, estaba apoyado en la pared a que llegase alguno de sus amigos. Julia acababa de llegar y no habían llegado sus amigas aún, entonces vio que Matt ya había llegado y se dirigió hacia él para saludarlo y hablar de mientras, iba caminando hacia la pared donde estaba él, ya estaba a poco más de un metro pero una piedra se topó en su camino, y empezó a notar que descendía hacia el suelo, se preguntaba por qué era tan torpe, siempre se caía en el momento menos indicado. Antes de que ella pudiese llegar al suelo él la agarró, produciendo así que sus cuerpos estuviesen lo más cercano que habían estado hasta entonces, ella no pudo evitar mirarlo y tampoco pudo evitar que sus mejillas estuviesen ruborizadas por haberse caído delante de él. 
Lo vio reírse y se pensó que sería por su accidente, ella también se hubiese reído si hubiese sido otra persona, entonces él le dijo: "Eres tan preciosa" eso la hizo sonreír y mientras sonreía él se acercó y la besó, lenta y dulcemente, eran tan felices que podrían haber estado eternamente así. Al separarse, ella sin poder aun creérselo le preguntó: "Entonces, ¿Tu también me quieres?" a lo que él le respondió: "¿Quieres otra prueba más para que te lo demuestre?". Quizá tenían razón cuando le decían que no debía buscar a la persona especial que cuando menos lo esperase aparecería, y así fue. 

                                                         ***

Esta no es una historia de amor eterno que venden películas y libros, el que todos los jóvenes de hoy en día se prometen, es imposible con 16, 17 o 18 años saber que vas a estar con esa persona siempre; porque incluso las historias más bonitas de amor finalizan. Esta historia significa que debes intentar estar con la persona de la que estás enamorado, que no debes rendirte por muchos obstáculos que se interfieran en tu camino, porque cuando lo consigues te sientes la persona más feliz del mundo y todo y sabiendo que no durará siempre, debes aprovechar cada día que estás con esa persona a la que amas porque quizá la relación se acabe al día siguiente. Y si acaba, más tarde o más temprano conocerás a alguien nuevo que te hará sentir igual, entonces será cuando no deberás odiarlo porque te ha dejado sino dejar que siga vivo en tu recuerdo como lo más bonito que has vivido nunca. 
Esa es la clave del amor, recopilar recuerdos dulces de personas a las que has amado y que por circunstancias de cada uno ya no hay nada. Llegará un momento en el que serás más mayor, habrás tenido más experiencias y conocerás a la persona perfecta para ti, con la que quizá un SIEMPRE sepa a poco. Eso es el amor.

domingo, 4 de noviembre de 2012

Nunca es tarde para decir "Te quiero".

Eran las ocho de la tarde, o quizá las ocho y media, ¿quién sabe? Yo estaba en mi cafetería preferida, sí de esas que te dicen "¿Lo de siempre?", mi "lo de siempre" consistía en un espumoso Mocha con mucho cacao y una cookie de chocolate. Para no variar yo estaba escribiendo en mi libreta, realmente concentrada. Después de acabar de escribir en mi bloc decidí acabarme el café pero no podía, así que le dije a Kristie (la dueña de la cafetería) que lo cobrase y que lo acabaría de tomar en el camino hacia casa. Pagué y me marché. 
Mientras caminaba hacia casa iba inmersa en mis pensamientos pero algo sucedió, topé con un chico. No se trata del típico golpe de las películas americanas, si no que se trataba de un golpe real donde ambos caímos al suelo. Ninguno de los dos se atrevió a decir cualquier estupidez tal como "¡Vigila por dónde vas!", ambos sabíamos que estábamos en nuestras cavilaciones y no por las personas que podrían haber por la calle. Se presentó. Su nombre era Jim, a su vez, yo me presenté con un amable "Yo soy Lauren, encantada". Como no nos conocíamos le iba a estrechar la mano pero él se adelantó y me dio los dos besos de saludo. Se dio cuenta que me había hecho un rasguño en la rodilla al caer y se ofreció a acompañarme a casa y si era menester hacer alguna cura en mi pequeña herida. 
Pedimos un taxi, no creáis que pedir un taxi en Boston es tarea fácil, de esa manera evitaríamos que mi rasguño se infectase. Llegamos a mi casa, no era gran cosa tratándose de una estudiante de derecho y con un mísero salario por impartir español y francés en una academia, pero era mi hogar, era yo misma pero en una casa. Cuando entramos en mi casa me preguntó si disponía de botiquín, le respondí que sí y le señalé en el armario donde se encontraba. Mientras me curaba me contó que estaba estudiando derecho en mi misma universidad pero que no se había reparado en hacer amigos. Yo no podía dejar de observarlo, no era el típico chico guapo de revista. Tenía los ojos verdes y el pelo rubio oscuro, ligeramente despeinado pero no por descuido, si no como si fuese así a propósito. Su constitución era normal y vestía informal, tejanos con una camiseta. Jim se percató de que lo estaba mirando y me dedicó una de las más preciosas sonrisas que había visto jamás. Cuando acabó de curarme ya eran las diez de la noche casi, así que le propuse si se quería quedar a cenar y a él le pareció fenomenal. No había tenido tiempo para ir a hacer la compra, así que le dije si no le importaba cenar pizza a lo que el respondió: "¡Genial! Hace tiempo que no como pizza". Al cabo de veinte minutos la pizza había llegado, pagué al repartidor, dejé la cena encima de la mesa y saqué un par de refrescos. Mientras cenábamos hablábamos de todo: nuestra vida, nuestras ilusiones... Después de cenar nos fuimos a la sala de estar para charlar más cómodamente  Después de hablar de mil y un temas, salió el famoso de "¿Y bueno, tú tienes pareja?". Lo dijo tan tímidamente que solo pude reír y contestarle que no tenía pareja. Le pregunté un "¿Y tú?" y me respondió que estaba esperando a alguien especial que apareciese en su vida para quedarse siempre. Después de decir eso soltó un "Te debo parecer un chico muy cursi al decir esto" yo no pude evitar reírme por su comentario y decirle que no me parecía nada cursi lo que decía, es más, me parecía precioso que pensase eso. Debía marcharse ya, pero no sin antes haberme dado su número de teléfono. Lo acompañé hasta la entrada de casa y nos despedimos con un "Hasta mañana" puesto que íbamos a la misma clase. Recogí los restos de la cena, dejé todo preparado para el día siguiente y me fui a dormir feliz. Sí, feliz, ¡Qué extraña sensación!.
Me desperté y cogí el bus hasta la universidad. A las nueve en punto ya estaba por el pasillo dónde me encontré a Jim, quién me saludó muy efusivamente. Nos sentamos juntos y estuvimos en silencio durante las clases. Treinta minutos antes de acabar Jim arrancó un trozo de papel de su libreta y escribió *¿Almorzamos juntos? Sé de un sitio que te gustará*. ¿Cómo negarme?, le respondí con un sí casi inaudible pero que él entendió. La clase finalizó y con ella la semana llegaba a su fin, como no teníamos exámenes aún podría disfrutar del fin de semana. Me llevó a un bar-restaurante muy acogedor, parecía un negocio familiar, pedimos la comida y mientras esperábamos empezamos a hablar. Él hablaba sin parar y yo me limitaba a escucharlo y perderme entre sus verdes ojos, a lo que él se dio cuenta y empezó a reírse, yo me ruboricé por la vergüenza. Decía que parecía una niña cuando le explican un cuento, que no se reía de mi. Cuando acabamos de comer dimos un paseo. Fueron pasando los días y cada vez nos teníamos más confianza, la relación se iba estrechando. 
Al cabo de unas semanas, quedamos a las cuatro de la tarde en la avenida que tenía zonas con césped, bancos...íbamos caminando como siempre hacíamos y yo, al tener más confianza me mostré tal y como era, no paré de hablar. Cuando acabé de hablar nos quedamos en silencio y como iba andando dejé los brazos relajados hacia abajo y de la manera más sutil pero a la misma vez más dulce me cogió de la mano y me miró, con la mirada más bonita que había visto en mi vida. Y me dijo esto "Verás Lauren, sé que sólo hace unos meses que nos conocemos pero ¿recuerdas áquello que te expliqué el día que nos conocimos, sobre la persona especial? Pues creo que ya la he conocido", yo que me había enamorado de él quise morirme por dentro, me quería decir que había conocido a esa chica tan especial que buscaba, pero mostré una gran sonrisa y le dije: "¡Cómo me alegro Jim! ¿Me dirás quién es no? ¿La conozco?", él respondió que la conocía y yo pensé que sería cualquier chica de nuestra clase y le volví a preguntar "¿Pero quién es?". Él soltó una leve sonrisa y me dijo "Pues está por aquí". 
Seguimos paseando. El verano se acercaba y nos apetecía un helado así que Jim fue a buscarlos al otro lado de la calle no sin antes decirme con su risa particular "No te imaginas cuánto te quiero Lauren". Desde el banco donde estaba sentada veía como pagaba los helados como podía ya que pasaban muchos coches y cuando volvía iba haciendo tonterías y yo iba sonriendo, pero algo, algo que cambiaría mi vida para siempre ocurrió. Jim no miró al cruzar aquella calle tan transitada. Un coche lo embistió y cayó al suelo dándose un fuerte golpe en la cabeza. Corrí hacia él cuanto pude y cuando llegué me dedicó sus últimas palabras, las más duras de mi vida pero también las más bonitas que nunca me han dicho: "Lauren tu eres la chica especial, te quiero". Yo tan sólo pude besarle, dándole así el último soplo de mi corazón.

sábado, 3 de noviembre de 2012

La vida en nueve líneas.

Nadie cree que su vida saldrá más o menos bien. Todos creemos que vamos a estar bien. Y desde el día en el que decidimos ser lo que queremos ser y hacer, nos llenamos de esperanza. Esperanzas de los caminos que nos abriremos… La gente a la que ayudaremos, lo que nos afectará… Grandes esperanzas de quién seremos, adónde iremos. Y entonces, llegamos ahí. Todos pensamos que vamos a estar bien. Y nos sentimos un poco engañados cuando no damos con nuestras esperanzas. Pero a veces, nuestras esperanzas nos subestiman. A veces lo esperado simplemente se queda en nada en comparación con lo inesperado. Tienes que preguntarte por qué nos aferramos a nuestras esperanzas… porque lo esperado es lo que nos mantiene firmes, derechos… inmóviles. Lo esperado solamente es el comienzo. Lo inesperado… es lo que cambia nuestras vidas.