Eran las ocho de la tarde, o quizá las ocho y media, ¿quién sabe? Yo estaba en mi cafetería preferida, sí de esas que te dicen "¿Lo de siempre?", mi "lo de siempre" consistía en un espumoso Mocha con mucho cacao y una cookie de chocolate. Para no variar yo estaba escribiendo en mi libreta, realmente concentrada. Después de acabar de escribir en mi bloc decidí acabarme el café pero no podía, así que le dije a Kristie (la dueña de la cafetería) que lo cobrase y que lo acabaría de tomar en el camino hacia casa. Pagué y me marché.
Mientras caminaba hacia casa iba inmersa en mis pensamientos pero algo sucedió, topé con un chico. No se trata del típico golpe de las películas americanas, si no que se trataba de un golpe real donde ambos caímos al suelo. Ninguno de los dos se atrevió a decir cualquier estupidez tal como "¡Vigila por dónde vas!", ambos sabíamos que estábamos en nuestras cavilaciones y no por las personas que podrían haber por la calle. Se presentó. Su nombre era Jim, a su vez, yo me presenté con un amable "Yo soy Lauren, encantada". Como no nos conocíamos le iba a estrechar la mano pero él se adelantó y me dio los dos besos de saludo. Se dio cuenta que me había hecho un rasguño en la rodilla al caer y se ofreció a acompañarme a casa y si era menester hacer alguna cura en mi pequeña herida.
Pedimos un taxi, no creáis que pedir un taxi en Boston es tarea fácil, de esa manera evitaríamos que mi rasguño se infectase. Llegamos a mi casa, no era gran cosa tratándose de una estudiante de derecho y con un mísero salario por impartir español y francés en una academia, pero era mi hogar, era yo misma pero en una casa. Cuando entramos en mi casa me preguntó si disponía de botiquín, le respondí que sí y le señalé en el armario donde se encontraba. Mientras me curaba me contó que estaba estudiando derecho en mi misma universidad pero que no se había reparado en hacer amigos. Yo no podía dejar de observarlo, no era el típico chico guapo de revista. Tenía los ojos verdes y el pelo rubio oscuro, ligeramente despeinado pero no por descuido, si no como si fuese así a propósito. Su constitución era normal y vestía informal, tejanos con una camiseta. Jim se percató de que lo estaba mirando y me dedicó una de las más preciosas sonrisas que había visto jamás. Cuando acabó de curarme ya eran las diez de la noche casi, así que le propuse si se quería quedar a cenar y a él le pareció fenomenal. No había tenido tiempo para ir a hacer la compra, así que le dije si no le importaba cenar pizza a lo que el respondió: "¡Genial! Hace tiempo que no como pizza". Al cabo de veinte minutos la pizza había llegado, pagué al repartidor, dejé la cena encima de la mesa y saqué un par de refrescos. Mientras cenábamos hablábamos de todo: nuestra vida, nuestras ilusiones... Después de cenar nos fuimos a la sala de estar para charlar más cómodamente Después de hablar de mil y un temas, salió el famoso de "¿Y bueno, tú tienes pareja?". Lo dijo tan tímidamente que solo pude reír y contestarle que no tenía pareja. Le pregunté un "¿Y tú?" y me respondió que estaba esperando a alguien especial que apareciese en su vida para quedarse siempre. Después de decir eso soltó un "Te debo parecer un chico muy cursi al decir esto" yo no pude evitar reírme por su comentario y decirle que no me parecía nada cursi lo que decía, es más, me parecía precioso que pensase eso. Debía marcharse ya, pero no sin antes haberme dado su número de teléfono. Lo acompañé hasta la entrada de casa y nos despedimos con un "Hasta mañana" puesto que íbamos a la misma clase. Recogí los restos de la cena, dejé todo preparado para el día siguiente y me fui a dormir feliz. Sí, feliz, ¡Qué extraña sensación!.
Me desperté y cogí el bus hasta la universidad. A las nueve en punto ya estaba por el pasillo dónde me encontré a Jim, quién me saludó muy efusivamente. Nos sentamos juntos y estuvimos en silencio durante las clases. Treinta minutos antes de acabar Jim arrancó un trozo de papel de su libreta y escribió *¿Almorzamos juntos? Sé de un sitio que te gustará*. ¿Cómo negarme?, le respondí con un sí casi inaudible pero que él entendió. La clase finalizó y con ella la semana llegaba a su fin, como no teníamos exámenes aún podría disfrutar del fin de semana. Me llevó a un bar-restaurante muy acogedor, parecía un negocio familiar, pedimos la comida y mientras esperábamos empezamos a hablar. Él hablaba sin parar y yo me limitaba a escucharlo y perderme entre sus verdes ojos, a lo que él se dio cuenta y empezó a reírse, yo me ruboricé por la vergüenza. Decía que parecía una niña cuando le explican un cuento, que no se reía de mi. Cuando acabamos de comer dimos un paseo. Fueron pasando los días y cada vez nos teníamos más confianza, la relación se iba estrechando.
Al cabo de unas semanas, quedamos a las cuatro de la tarde en la avenida que tenía zonas con césped, bancos...íbamos caminando como siempre hacíamos y yo, al tener más confianza me mostré tal y como era, no paré de hablar. Cuando acabé de hablar nos quedamos en silencio y como iba andando dejé los brazos relajados hacia abajo y de la manera más sutil pero a la misma vez más dulce me cogió de la mano y me miró, con la mirada más bonita que había visto en mi vida. Y me dijo esto "Verás Lauren, sé que sólo hace unos meses que nos conocemos pero ¿recuerdas áquello que te expliqué el día que nos conocimos, sobre la persona especial? Pues creo que ya la he conocido", yo que me había enamorado de él quise morirme por dentro, me quería decir que había conocido a esa chica tan especial que buscaba, pero mostré una gran sonrisa y le dije: "¡Cómo me alegro Jim! ¿Me dirás quién es no? ¿La conozco?", él respondió que la conocía y yo pensé que sería cualquier chica de nuestra clase y le volví a preguntar "¿Pero quién es?". Él soltó una leve sonrisa y me dijo "Pues está por aquí".
Seguimos paseando. El verano se acercaba y nos apetecía un helado así que Jim fue a buscarlos al otro lado de la calle no sin antes decirme con su risa particular "No te imaginas cuánto te quiero Lauren". Desde el banco donde estaba sentada veía como pagaba los helados como podía ya que pasaban muchos coches y cuando volvía iba haciendo tonterías y yo iba sonriendo, pero algo, algo que cambiaría mi vida para siempre ocurrió. Jim no miró al cruzar aquella calle tan transitada. Un coche lo embistió y cayó al suelo dándose un fuerte golpe en la cabeza. Corrí hacia él cuanto pude y cuando llegué me dedicó sus últimas palabras, las más duras de mi vida pero también las más bonitas que nunca me han dicho: "Lauren tu eres la chica especial, te quiero". Yo tan sólo pude besarle, dándole así el último soplo de mi corazón.
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